A FINALES de la década de 1980, el terrorismo parecía hallarse en retroceso. Sin embargo, ha resurgido en una nueva modalidad, cuyos perpetradores son por lo general extremistas que cuentan con sus propias redes de financiación —narcotráfico, negocios privados, fortunas personales, donaciones y apoyo económico local— y actúan con la misma saña de siempre.
En los últimos años se ha multiplicado esta barbarie: en el entonces existente World Trade Center de Nueva York se provocó una explosión que mató a seis personas y lesionó a un millar. Una secta soltó sarín (gas neurotóxico) en el metro de Tokio, lo que provocó la muerte de doce ciudadanos e hirió a más de cinco mil. Valiéndose de una furgoneta bomba, un atacante demolió un edificio federal en la ciudad de Oklahoma; el siniestro arrojó un saldo de 168 muertos y cientos de heridos. Los actos de esta índole han proseguido hasta nuestro día.
Por regla general, los atentados se realizan ahora con menos miramientos que antes. Según fuentes fidedignas, el acusado de la explosión de Oklahoma dijo que quería llamar la atención con “un gran número de víctimas”. El cabecilla del grupo que en 1993 colocó la bomba en el World Trade Center pretendía que una de sus dos torres se desplomara sobre la otra para matar a los ocupantes de ambas.
Otra novedad es la gama de armas de que disponen estos criminales. Louis R. Mizell, hijo, experto en materia de terrorismo, comentó: “Vivimos en una era de furia inconcebible y apocalípticos arsenales: nucleares, químicos y biológicos”. Ahora los extremistas causan mayor impacto utilizando instrumentos tecnológicos más letales.
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viernes, 29 de marzo de 2013
jueves, 28 de marzo de 2013
El 666 no es solo un enigma
“Nadie pued[e] comprar o vender salvo la persona que tenga la marca, el nombre de la bestia salvaje o el número de su nombre. Aquí es donde entra la sabiduría: El que tenga inteligencia, calcule el número de la bestia salvaje, porque es número de hombre; y su número es seiscientos sesenta y seis.” (Revelación [Apocalipsis] 13:17, 18.)
POCOS temas bíblicos han suscitado tanto interés e inquietud como la profecía de la intrigante marca, o nombre, de “la bestia salvaje”: el número 666. La marca de la bestia ha sido objeto de innumerables especulaciones tanto en televisión como en Internet, películas, libros y revistas.
Hay quienes opinan que el 666 es la marca del anticristo bíblico; otros, que se trata de una forma de identificación forzosa, como un tatuaje o un microchip implantado, que mediante un código reconoce que el portador es siervo de la bestia. Y aun hay quienes creen que se refiere al papado. Argumentan que tomando como numerales romanos las letras de Vicarius Filii Dei (Vicario del Hijo de Dios), variante de un título oficial del sumo pontífice, y realizando ciertas operaciones, se obtiene el 666. Asimismo se afirma que puede llegarse a esta cifra partiendo del nombre en latín del emperador romano Diocleciano o de la traducción al hebreo del nombre del césar Nerón.
Sin embargo, estas fantasiosas e ilusorias interpretaciones son muy diferentes de lo que las Santas Escrituras dicen sobre la marca de la bestia, como veremos en el próximo artículo. La Biblia revela que quienes tengan la marca sufrirán la ira de Dios cuando él acabe con el presente sistema de cosas (Revelación 14:9-11; 19:20). Por lo tanto, saber lo que significa el 666 no se limita tan solo a resolver un enigma. Afortunadamente, Jehová Dios, la personificación del amor y la Fuente de iluminación espiritual, no ha dejado a sus siervos a oscuras en este importante tema (2 Timoteo 3:16; 1 Juan 1:5; 4:8).
Fuente: Watchtower
POCOS temas bíblicos han suscitado tanto interés e inquietud como la profecía de la intrigante marca, o nombre, de “la bestia salvaje”: el número 666. La marca de la bestia ha sido objeto de innumerables especulaciones tanto en televisión como en Internet, películas, libros y revistas.
Hay quienes opinan que el 666 es la marca del anticristo bíblico; otros, que se trata de una forma de identificación forzosa, como un tatuaje o un microchip implantado, que mediante un código reconoce que el portador es siervo de la bestia. Y aun hay quienes creen que se refiere al papado. Argumentan que tomando como numerales romanos las letras de Vicarius Filii Dei (Vicario del Hijo de Dios), variante de un título oficial del sumo pontífice, y realizando ciertas operaciones, se obtiene el 666. Asimismo se afirma que puede llegarse a esta cifra partiendo del nombre en latín del emperador romano Diocleciano o de la traducción al hebreo del nombre del césar Nerón.
Sin embargo, estas fantasiosas e ilusorias interpretaciones son muy diferentes de lo que las Santas Escrituras dicen sobre la marca de la bestia, como veremos en el próximo artículo. La Biblia revela que quienes tengan la marca sufrirán la ira de Dios cuando él acabe con el presente sistema de cosas (Revelación 14:9-11; 19:20). Por lo tanto, saber lo que significa el 666 no se limita tan solo a resolver un enigma. Afortunadamente, Jehová Dios, la personificación del amor y la Fuente de iluminación espiritual, no ha dejado a sus siervos a oscuras en este importante tema (2 Timoteo 3:16; 1 Juan 1:5; 4:8).
Fuente: Watchtower
lunes, 25 de febrero de 2013
Un número muy útil y escurridizo
DE TODOS los números utilizados en ciencias como las matemáticas, al igual que en la ingeniería y la vida cotidiana, pocos despiertan tanto interés como pi (π). “Fascina por igual a eminencias científicas y aficionados de todo el mundo”, dice el libro Fractals for the Classroom (Los fractales en clase). De hecho, hay quienes lo consideran uno de los cinco números más importantes en matemáticas.
Pi representa la relación entre la longitud de una circunferencia y su diámetro. Así, es posible determinar la medida de cualquier circunferencia, prescindiendo del tamaño que tenga, con tan solo multiplicar su diámetro por pi. En 1706, el matemático inglés William Jones fue el primero en designar esta constante con la letra griega π, símbolo que se popularizó tras su adopción por el matemático suizo Leonhard Euler en 1737.
Para muchas aplicaciones se consigue una precisión satisfactoria empleando 3,14159 como el valor aproximado de pi. Sin embargo, es imposible llegar a una cifra absolutamente exacta. ¿Por qué? Porque se trata de un número irracional, o sea, que no puede expresarse como fracción. En su forma decimal no tiene fin, pues sus cifras son infinitas. Con todo, esto no ha disuadido a los matemáticos de establecer afanosamente su equivalencia con cada vez más decimales.
Se desconoce quién fue el primero en darse cuenta de que su valor permanece constante sin importar las dimensiones de la circunferencia. Se sabe, sin embargo, que desde la antigüedad se ha tratado de fijar con exactitud este escurridizo número. Los babilonios se aproximaron bastante, pues lo equipararon a 3 1/8 (3,125), y los egipcios, afinando un poco menos, a 3,16. En el siglo III antes de la era común, el matemático griego Arquímedes realizó lo que pudiéramos llamar la primera tentativa científica de calcularlo y llegó a un número aproximado de 3,14. Ya en nuestra era, en el año 200, se determinó que equivalía a 3,1416, cifra que luego corroboraron de forma independiente matemáticos de China y de la India a principios del siglo VI. En la actualidad, con la ayuda de potentes computadoras se ha conseguido escribirlo con miles de millones de decimales. Pero por útil que haya resultado este número, “es difícil hallar aplicaciones informáticas que requieran más de veinte dígitos de [pi]”, señala la obra Fractals for the Classroom.
Esta constante aparece en fórmulas que se emplean en muchos campos, como la física, la ingeniería eléctrica y electrónica, el cálculo de probabilidades, el diseño estructural y la navegación, por citar unos cuantos. Así como son infinitos sus decimales, también parece inacabable la cantidad de aplicaciones prácticas para un número tan útil como escurridizo.
Fuente: Watchtower
Pi representa la relación entre la longitud de una circunferencia y su diámetro. Así, es posible determinar la medida de cualquier circunferencia, prescindiendo del tamaño que tenga, con tan solo multiplicar su diámetro por pi. En 1706, el matemático inglés William Jones fue el primero en designar esta constante con la letra griega π, símbolo que se popularizó tras su adopción por el matemático suizo Leonhard Euler en 1737.
Para muchas aplicaciones se consigue una precisión satisfactoria empleando 3,14159 como el valor aproximado de pi. Sin embargo, es imposible llegar a una cifra absolutamente exacta. ¿Por qué? Porque se trata de un número irracional, o sea, que no puede expresarse como fracción. En su forma decimal no tiene fin, pues sus cifras son infinitas. Con todo, esto no ha disuadido a los matemáticos de establecer afanosamente su equivalencia con cada vez más decimales.
Se desconoce quién fue el primero en darse cuenta de que su valor permanece constante sin importar las dimensiones de la circunferencia. Se sabe, sin embargo, que desde la antigüedad se ha tratado de fijar con exactitud este escurridizo número. Los babilonios se aproximaron bastante, pues lo equipararon a 3 1/8 (3,125), y los egipcios, afinando un poco menos, a 3,16. En el siglo III antes de la era común, el matemático griego Arquímedes realizó lo que pudiéramos llamar la primera tentativa científica de calcularlo y llegó a un número aproximado de 3,14. Ya en nuestra era, en el año 200, se determinó que equivalía a 3,1416, cifra que luego corroboraron de forma independiente matemáticos de China y de la India a principios del siglo VI. En la actualidad, con la ayuda de potentes computadoras se ha conseguido escribirlo con miles de millones de decimales. Pero por útil que haya resultado este número, “es difícil hallar aplicaciones informáticas que requieran más de veinte dígitos de [pi]”, señala la obra Fractals for the Classroom.
Esta constante aparece en fórmulas que se emplean en muchos campos, como la física, la ingeniería eléctrica y electrónica, el cálculo de probabilidades, el diseño estructural y la navegación, por citar unos cuantos. Así como son infinitos sus decimales, también parece inacabable la cantidad de aplicaciones prácticas para un número tan útil como escurridizo.
Fuente: Watchtower
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Ciencias Exactas y Tecnología
sábado, 23 de febrero de 2013
Cómo el árabe se convirtió en la lengua de los eruditos
DURANTE siglos, el árabe fue la lengua más usada por los eruditos. A partir del siglo VIII de nuestra era, en varias ciudades de Oriente Medio hubo estudiosos que tradujeron al árabe, y además corrigieron, textos científicos y filosóficos escritos en los tiempos de Tolomeo e incluso en los de Aristóteles. Aquellas traducciones sirvieron para conservar y enriquecer la obra de los pensadores antiguos.
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Ciencias Exactas y Tecnología
jueves, 10 de enero de 2013
¿Debemos guiarnos por los números?
¿RESISTE la numerología el examen de la ciencia y la razón? ¿Revelan las cifras nuestro destino? ¿Debe planearse el futuro sobre la base de conclusiones y predicciones numerológicas?
Un obstáculo que no logran vencer los numerólogos es la existencia de distintos calendarios en diversas culturas. Por ejemplo, ¿qué sucede si alguien vive en una región donde se usa un calendario diferente, como el chino? Tomemos como muestra la fecha indicada en nuestro primer artículo: 11 de septiembre de 2001. En el calendario chino corresponde al día 24 del mes séptimo del año 18 del ciclo 78; en el juliano, al 29 de agosto de 2001; en el musulmán, al 22 de yumada segundo de 1422, y en el hebreo, al 23 de Elul de 5761. ¿Cómo va a tener importancia numérica una fecha que adopta formas tan diferentes? Otro factor a considerar es que cada idioma suele escribir los nombres de una manera particular. Así, el valor numerológico de las letras del nombre inglés John es 2, mientras que el de su correspondencia en español, Juan, es 1.
Una cosa es admitir que muchos aspectos del cosmos se explican con fórmulas matemáticas, verificables y demostrables, y otra muy distinta afirmar que se predestinó el nombre de cada persona para hacerlo coincidir con la fecha de nacimiento y ligarlo a ciertos números con el fin de determinar su destino.
La conclusión es evidente: creer que las interpretaciones numerológicas son exactas cuando en realidad se basan en factores tan variables como el calendario y el idioma, es llevar la credibilidad a los límites de lo absurdo.
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miércoles, 9 de enero de 2013
La fascinación por los números
IMAGINÉMONOS un mundo sin números. No habría dinero, y el comercio se limitaría al trueque directo. ¿Y qué sucedería con los deportes? No solo seríamos incapaces de llevar la cuenta de los puntos, sino que ni si quiera podríamos establecer cuántos jugadores debe haber en cada equipo.
Pero además de ser prácticos, los números poseen un aura de misterio en virtud de su carácter abstracto, el cual nos impide percibirlos por la vista, el tacto o algún otro sentido. A modo de ilustración, las manzanas se caracterizan por su color, textura, tamaño, forma, aroma y sabor, lo que nos permite diferenciarlas de los limones, las pelotas u otros objetos. Pero no ocurre igual con los números. Así, entre una docena de artículos y otra tal vez no haya nada más en común que el hecho de contener doce unidades. De modo que comprender el significado de las cifras -por ejemplo, la diferencia entre 11 y 12- implica captar una idea muy abstracta, y es ahí donde entra en juego la mística de los números.
Pero además de ser prácticos, los números poseen un aura de misterio en virtud de su carácter abstracto, el cual nos impide percibirlos por la vista, el tacto o algún otro sentido. A modo de ilustración, las manzanas se caracterizan por su color, textura, tamaño, forma, aroma y sabor, lo que nos permite diferenciarlas de los limones, las pelotas u otros objetos. Pero no ocurre igual con los números. Así, entre una docena de artículos y otra tal vez no haya nada más en común que el hecho de contener doce unidades. De modo que comprender el significado de las cifras -por ejemplo, la diferencia entre 11 y 12- implica captar una idea muy abstracta, y es ahí donde entra en juego la mística de los números.
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martes, 1 de enero de 2013
Los números ¿influyen en su vida?
¿ENCIERRAN las cifras un sentido oculto? "¡Seguro que sí!", exclamarán algunos lectores, señalando tal vez a un interesante ejemplo: los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. "Nada más enterarme de la noticia -dice una numeróloga-, me fijé en la fecha: 11-9-2001". Cabe destacar que el 11 se considera un "número maestro" en numerología. De ahí que algunos de sus partidarios elaboraran una lista de diversos aspectos relacionados con aquellos ataques que apuntan a dicho "número maestro". He aquí varios ejemplos de sus conclusiones:
- La tragedia ocurrió el día 11 del mes 9: 1 + 1 + 9 = 11.
- El 11 de septiembre fue el día 254 del año: 2 + 5 + 4 = 11.
- El avión que impactó contra la torre norte era el vuelo 11.
- En aquel vuelo había 92 personas a bordo: 9 + 2 = 11.
- El avión que impactó contra la torre sur llevaba 65 pasajeros: 6 + 5 = 11.
- El perfil de las Torres Gemelas evocaba el número 11.
- La expresión inglesa New York City consta de 11 letras.
La numerología, práctica que concede un significado especial a las cifras, así como sus combinaciones y sumas, goza de amplia difusión en África, Asia y América. ¿A qué obedece su atractivo? Según cierta página de la Red, la descodificación de las letras del alfabeto que componen los nombres -una característica popular de la numerología- "ofrece información exacta sobre la personalidad, el carácter y los defectos y virtudes". Esta misma fuente añade que el estudio de "la fecha de nacimiento revela la trayectoria de nuestra vida, con sus alegrías y sinsabores".
¿Son ciertas estas afirmaciones, o plantean peligros ocultos el estudio metafísico de los números?
Fuente: Watchtower
Fuente: Watchtower
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lunes, 31 de diciembre de 2012
Diez millones de libros en una casa de cristal
AL SUBIR los peldaños de madera que llevan a la plaza donde el viento sopla con libertad, el visitante no puede menos que sentirse impresionado -por no decir intimidado por las cuatro torres de cristal que se alzan imponentes ante él. Este no es un complejo de edificios cualquiera. Se trata de la ultramoderna Biblioteca Nacional de Francia, ubicada a orillas del Sena. En cierto sentido, su realización tomó varios siglos.
Sus inicios
En 1368, el rey Carlos V acumuló cerca de mil manuscritos en una torre de la parisina fortaleza del Louvre. Pero fue en realidad al terminar la guerra de los Cien Años cuando los monarcas franceses comenzaron a formar una colección permanente. Los obsequios y legados de quienes procuraban el favor real engrosaron la biblioteca, lo mismo que los ejemplares traídos de distintas partes de Europa y el Oriente por navegantes y embajadores, o por los ejércitos, como botín de guerra. Posteriormente, en el siglo XVI, Francisco I dio inicio al sistema de depósito legal mediante una ley que requería entregar a la Biblioteca Real un ejemplar de todo libro que se publicase.
Tras alojarse en distintas residencias reales de provincias, la Biblioteca Real se transfirió de nuevo a París, solo para ser saqueada durante las guerras de religión (1562-1598). En 1721 encontró un hogar más estable. Posteriormente, la incautación de colecciones a religiosos y aristócratas durante la Revolución francesa le aportó cientos de miles de libros, manuscritos y grabados. Aunque poseían un valor incalculable, dichas adquisiciones hicieron patente la continua y agobiante falta de espacio en las instalaciones existentes.
Sus inicios
En 1368, el rey Carlos V acumuló cerca de mil manuscritos en una torre de la parisina fortaleza del Louvre. Pero fue en realidad al terminar la guerra de los Cien Años cuando los monarcas franceses comenzaron a formar una colección permanente. Los obsequios y legados de quienes procuraban el favor real engrosaron la biblioteca, lo mismo que los ejemplares traídos de distintas partes de Europa y el Oriente por navegantes y embajadores, o por los ejércitos, como botín de guerra. Posteriormente, en el siglo XVI, Francisco I dio inicio al sistema de depósito legal mediante una ley que requería entregar a la Biblioteca Real un ejemplar de todo libro que se publicase.
Tras alojarse en distintas residencias reales de provincias, la Biblioteca Real se transfirió de nuevo a París, solo para ser saqueada durante las guerras de religión (1562-1598). En 1721 encontró un hogar más estable. Posteriormente, la incautación de colecciones a religiosos y aristócratas durante la Revolución francesa le aportó cientos de miles de libros, manuscritos y grabados. Aunque poseían un valor incalculable, dichas adquisiciones hicieron patente la continua y agobiante falta de espacio en las instalaciones existentes.
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viernes, 19 de agosto de 2011
Por primera vez un barco solar atraviesa el mar de China
Un barco propulsado exclusivamente con energía solar llegó hoy a Hong Kong luego de seis días de difícil navegación por causas meteorológicas desde Filipinas, convirtiéndose de este modo en la primera embarcación de su tipo en atravesar el mar de China.
Unos mil kilómetros separan Filipinas de Hong Kong, un trayecto durante el cual el barco solar atravesó condiciones "muy delicadas, entre el monzón y las tormentas tropicales que reinan actualmente en esa región del globo", señaló mediante un comunicado el equipo suizo que lleva a cabo esta iniciativa.
Otras dificultades a las que se enfrentaron durante la travesía tuvieron que ver con una débil insolación y con las fuertes precipitaciones que se registraron en los primeros días.
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